Mar
24
2012
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Una divagación como cualquier otra

Se va acabando el mes del roleo, y veo que le he dedicado muchas páginas a temas de mastereo, de metajuego e incluso ayudas para jugadores. Todo eso y ni siquiera medio post intentando salvar la afición, qué mal rolero soy, ¡y peor blogger!

Últimamente estoy algo nihilista en mi vida personal, casi que no me importan muchas cosas, y las pocas que me importan se pegan intrínsecamente a mí de una manera muy personal. Pero no estáis dispuestos a leer una evocadora mancha de mis sentimientos, ni tampoco yo estoy dispuesto a mostrárosla; sólo os aviso porque puede ser una divagación algo negativa en todos los aspectos. La mitad de mi grupo de amigos está en franca retirada de nuestras fronteras, y los demás lo estarán o estaremos en no demasiado tiempo me temo. Es un mal endémico de la sociedad en la que nos ha tocado vivir: después de 20 años estudiando como un cerdo, trabajar en una tienda de dependiente pues va a ser que no me llena. Con el rol, en España, tenemos el mismo problema que con las demás cosas: nos sobra talento y nos falta objetividad.

No quiero eh, pero al final...

Porque me da igual lo que digan alemanes, franceses o chinos, aquí hay talento que en estos tiempos desborda nuestras fronteras en pos de algo mejor, de una calidad que se suponía te prometían al comenzar tus estudios superiores. En cuanto al talento en el rol no me voy a quejar, hay gente muy capaz y muy buena en hacer lo que hace, sobretodo en tema trasfondo, reglas e historia, pero luego nos pierde lo que nos pierde. No hace falta sólo ser un tipo que escriba bien o crea que escriba bien o lleve 10 años haciendo de máster para montar una editorial. Una editorial tiene que ser un arma importante para llevar el arte de ciertos sujetos al mercado, debe ser la plataforma definitiva de autores, ilustradores y maquetadores, no un simple punto y seguido en la línea de producción. Los hay que no tienen calidad y no saben hacerlo, los hay que sacrifican el buen hacer por la inmediatez y por último están los que sacrifican la inmediatez por el buen hacer.

Un compañero repite constantemente aquello de “Diversificación”. Y es que está claro que de las tres opciones que he dado arriba, la última quizás es la más insidiosa. Porque claro, se sacrifica el tiempo medio de sacar libros por la calidad de los mismos (tanto técnica como gráfica) y eso hace que la gente se canse de esperar. Eso es lo que le pasa a Ludotecnia. Nadie podrá recriminar mucho al resultado final de sus libros, y está claro que llevar adelante una línea como Cliffhanger era algo ambicioso y no exento de riesgos que al final se deben capear, pero así como otros pecan de desencanto o inmediatez, Ludotecnia peca de lentitud extrema; con todos los peros que quieras pero de lentitud extrema.

El taller de Ludotecnia hace escasos minutos

Y es que ahí está la otra vertiente de lo que decía al principio. Ya no es una cuestión de seguridad o de savoir faire (o como se escriba), es una cuestión de entender que la gente no sólo quiere un trabajo bien hecho, sino lo quiere cuando le dicen que lo va a tener. Somos así de estúpidos o de listos, nos gustan las cosas cuando queremos. En todo caso si hay que escoger un mal menor, estaremos de acuerdo en que es el menor de los males tener que esperar un tiempo para tener un libro bien hecho. Y que al menos el esperar sirva para corregir errores: no coger a ciegas proyectos de gente que luego se tienen que retocar hasta la saciedad, no centralizar el trabajo excesivamente y no dar ni una sola fecha. Y os lo dice alguien que normalmente es el primero en preguntar fechas… si esto no es una crítica unliateral ni mucho menos.

Otro día ensalzaremos las cosas que se han hecho bien, que por suerte son más que las que se han hecho mal, pero hoy toca lo que toca. Y dan igual las excusas y no sólo es una cuestión de tiempos, es todo lo que he dicho; autores que entregamos las obras con pocas revisiones, reglas que no tienen sentido, dibujos que se deben retocar y amanuenses que deciden desertar. Todo ello deriva en que, en un momento dado, algunos de nosotros miremos fuera de nuestras fronteras no sólo con la esperanza de que en algún momento pueda mejorar nuestra situación cotidiana, como decía al principio, sino con la curiosidad de saber si, como se suele decir, en todos sitios cuecen habas, joder, para entonar aquello de “no estamos tan mal eh“.

¡Un abrazo!

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