Mar
2
2011
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ESDLA La Comunidad del Anillo – Tan bueno como siempre

Sí. Estoy releyéndome otra vez la saga. Hacía ya varios años que no lo hacía y llevaba otros tantos meses soñando con tener tiempo para poder ponerme en serio. Así que hace un tiempecete lo volví a sacar de su lugar privilegiado en la estantería y ahí le he dado caña, con un poco de parón por exámenes y por otras circunstancias. Pensando en que no descubriría nada nuevo a nadie, dudé en si escribir o no esta reseña, pero al final me he decidido por hablar de alguna manera sobre los puntos culminantes de la novela y describir esas escenas.

El Puente de Khazad-dûm

¿Y quién no habrá soñado con esta escena una y otra vez? Gandalf delante del Balrog, ese gigantesca amalgama de sombra, fuego y muerte, en un puente delgado por el que solo pasan las personas de una en una… Creo que la primera vez que te lees las novelas intuyes que a partir de este momento las cosas van a cambiar, todo puede pasar y los peligros y las latitudes a las que pueden llegar los personajes solo han comenzado medio a vislumbrarse. Además para los que, como yo, creyeran que Gandalf era el personaje más interesante de toda la novela, debieron sentirse algo decepcionados al ver que un demonio se lo cargaba. Luego con el tiempo descubres que Gandalf, de alguna manera, quería comprobar y acabar con el Balrog que intuía que existía en Moria, de ahí la reticencia a subir por Caradhras (en la peli es al revés) y el ánimo que daba a todos para ir por las oscuridades de Moria. En definitiva, una escena para recordar, para mí, una de las dos o tres más épicas de la saga.

La Disolución de la Comunidad

En esta parte vas entendiendo cosas, vas viendo cómo Boromir no está del todo bien, algo le reconcome y le impide actuar con normalidad. Además, Frodo está taciturno y no parece muy convencido de nada desde la partida al abismo de Gandalf. En este último capítulo de la novela te marcan el ritmo que seguirá el resto de la saga, cada uno por su lado e intentando acarrear sus propias cargas: unos la protección de los reinos de los hombres, otros la verdadera misión. Es una piedra de toque genial.

Los personajes

Un breve repaso final a los personajes y el papel que empiezan a desempeñar en este primer volúmen. Siempre me ha gustado pensar en este grupo aventurero; la Comunidad, nueve compañeros para enfrentarse solos a la intemperie y mil y un peligros que acechan en las sombras de un mundo que ha llegado a su Crepúsculo hace algún tiempo, dirigiéndose premonitoriamente hacia la noche. En definitiva, tenemos a dos hombres, uno heredero de reyes y el otro heredero de los senescales de aquellos reyes, como diríamos, gente con nivel. Luego a Gimli y a Legolas, sendos baluartes de su especie, también hijos de la nobleza; Gandalf, técnicamente un dios de la misma “raza” que Sauron y cuatro Hobbits, dos de ellos de las dos familias más insignes de toda la Comarca. Nueve tipos al lado de los cuales querrías estar en una pelea de taberna, o en su defecto, en unas minas infestadas de orcos.

Conclusión

Vivimos una época literaria de fast food, no solo en la literatura mainstream, sino también en la fantástica. No todo lo que se hace lo empaqueto y etiqueto en el lugar de la literatura facilona, no soy tan demagogo, pero entendedme. El Señor de los Anillos no es una literatura facilona, no es algo que puedas leerte en una tarde (por mucho que muchos hayamos hecho la locura de leer sin parar hasta terminarlo, cosas de la juventud) y acabar de asimilarlo en toda su complejidad. Ya no solo por la fantástica pluma del señor Tolkien –que en paz descanse–, una pluma que no a todos gusta debido a su descripción pormenorizada de cada filamento de la imagen, sino por la profundidad intrínseca de una historia que se encasilla en tres libros pero que sale de ellos en infinidad de puntos.

La Comunidad del Anillo es un buen libro, una obra con solera y dignidad que se alza imperturbable a lo largo del tiempo, la obra con la que nefastamente son comparados todos los nuevos valores de la literatura fantástica. El otro día una amiga que hacía tiempo que no veía al yo decirle que me estaba volviendo a leer el libro me preguntó: ¿Otra vez? En aquel momento solo me encogí de hombros como respuesta, pero ahora podría dar una más elaborada: releo el Señor de los Anillos y lo seguiré haciendo durante mi vida siempre y cuando me siga provocando esas sensaciones. No sé cuántas veces llevaré ya, pero desde luego ninguno de los libros que me he releído en mi vida (tampoco son muchos, para qué engañaros) me ha provocado el mismo estremecimiento y el efecto “vello de punta” que me genera estas novelas.

Así que adelante. Leed Tolkien niños y dejaos de tantos bidones de gasolina, símbolos secretos y vargasllosas cualquiera.

¡Un abrazo!

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