Mi odisea en busca de la caja negra
Lunes, ocho de la mañana, un frío que te helaba hasta los huesos se colaba por la rendija de la puerta. El despertador no paraba de taladrar el armonioso silencio con su estridencia y su desafortunado recordatorio de que hay que levantarse. Pero no todo es malo, no sólo estamos en campaña de navidad y muy cansados. Este lunes me espera en la oficina de MRW la “Caja Negra” de Edge, la edición coleccionista del juego de rol La Llamada de Chtulhu. Una frikada sin nombre vamos. Me aseo, me cambio, y busco mi bufanda y gorro más abrigaditos.
Salgo a la calle, hace el mismo frío que sentí al levantarme pero peor, más fuerte, agudo, me atrevería a decir ciclópeo. Las calles son un borrón a mi alrededor, algo me dice que la ansiedad con la que voy a buscar al caja se transmite a mi rostro y a mis furibundos pasos… más que nada porque la gente se aparta, aunque también puede ser que mi cara sea la de alguien que se acaba de levantar, lleva sin afeitarse mes y medio y no ha desayunado. Entre la cacofonía de padres y niños que se dirigen al colegio me pregunto un par de banalidades sobre la vida, la religión y el cosmos… nada que un friki cualquiera no se pregunte un helado lunes de diciembre a las 9 de la mañana.
Al entrar no había nadie. Mi cazadora de cuero cruje mientras me acerco al mostrador. Silencio absoluto, anodino, tenso. Llego al mostrador y cuando voy a decir fuertemente “¡HOLA!” aparece una dependienta enana. No enana de fantasía medieval, con barba y tal, sino enana como las de verdad, pero sin barba. Le entrego el papel (bueno, más bien casi me lo quita de las manos con un breve saltito de sus cortas piernas) y leyéndolo mientras va hacia el fondo del medio-almacén-medio-oficina me parece escuchar que murmura “Vaya vaya, Oliver… creo que esta aún no la ha conseguido…”. Si vosotros podéis clarificar esas palabras, yo aún no las entiendo. Me trae la caja y la dolorosa. Después de pagar me empiezo a poner los guantes bajo su atenta y fija mirada. Estaba por preguntarle si tenía una bolsa pero casi que prefería no hablar más con aquella… persona.
Salí a la calle y me esperaban 1,2 Km de cuesta hasta casa. Os preguntaréis porqué coño no me lo subieron ellos. Es una larga disquisición en la cual no quiero entrar. Total, que si antes tenía el sentimiento de que la gente me miraba raro, ahora lo sabía con certeza. La gran caja que llevaba en brazos y mis más que asustadas facciones no debían ser plato de buen gusto para nadie. Cansado y con un sudor frío recorriéndome la espalda llegué a mi piso. No podía abrir la puerta con la caja en las manos y tras breves segundos intentando encontrar una solución mejor, decidí que lo suyo sería apoyarla en la tapia. Cuando saqué las llaves escuché un chirrido. Me giré y la caja ya no estaba, el sol que hacía apenas diez segundos iluminaba pálidamente el rellano parecía haberse escondido, y un olor extraño, apaciguador, se extendía lentamente por los alrededores.
Subí rápidamente las escaleras y suerte que obtuve pruebas de lo que me encontré porque sino… jamás me creeríais.
A la hora de escribir esto no sé por qué hice lo que hice, no entiendo las motivaciones que guiaron mi alma para introducir esa caja –claramente encantada por maléficos hechizos– en mi casa. Pero lo hice, cielos, lo hice. Y con ello maldije mi alma para siempre. El ser infernal que yace fotografiado justo bajo estas líneas me esperaba en la mesa de operaciones. Su terrible visión hizo que el corazón se me acelerara. Nadie podía vestir unas gafas de sol tan primigeniamente bien sin ser una entidad de otro plano de la realidad.
Cuando fui a buscar un cutter para abrir la caja, LA CRIATURA estaba subida en ella. De nuevo debemos agradecer a las nuevas tecnologías que retratara el momento, sino, ¿quién iba a creerme?
Abrí la caja lentamente, con el aire espesándose por segundos a mi alrededor, teniendo la extraña sensación de que no debería estar haciendo esto, de que debería estar haciéndome la cama o cualquier otra cosa insustancial, libre de daño. Sin embargo abrí la caja, oh cielos, la abrí. Lo que me encontré… me llenó de estupor.
¡Me habían engañado! ¡Los de la web de Edge me la habían vuelto a jugar! ¡Quería mi libro y mis demonios internos y sólo tenía el folleto de una web que haciendo juegos de palabras guays cree que lo tiene todo ganado! ¡Maldita sea! Pero en aquel momento empecé a pensar… ¿por qué entonces la caja pesaba tanto mientras la subía desde aquel lejano MRW? ¿Todo había sido provocado por mi cansancio y por aquel malhadado lunes? Fui al estudio para guardar el cutter, tampoco convenía hacerse daño.
¡Cielos! ¡Ahí estaba la caja! ¡Esperándome con su atenta mirada! ¡Dañando la realidad con su sola existencia! ¡Temblad mortales! Pero sobretodo… aprended de mi odisea porque yo… ya estoy perdido.
























