El Retorno del Rey o de porqué es mi libro favorito
Sí, siempre lo ha sido, siempre ha sido mi libro favorito y lo seguirá siendo. ¿Por qué? Pues porque a través de las relecturas, los años pasados y las películas grabadas, sigue despertando en mi interior una pasión encomiable por la épica y el romanticismo de un mundo crepuscular. Sigue despertándome una sensación de tribulación temible con final incierto pero que, al final, tras muchos pesares, termina bien… o todo lo bien que podía terminar.
Sí –dijo Gandalf– porque es mejor que sean tres los que regresen, y no uno solo. Bien, aquí, queridos amigos, a la orilla del Mar, termina por fin nuestra comunidad en la Tierra Media. ¡Id en paz! No os diré: no lloréis; porque no todas las lágrimas son malas.
Una página después la aventura se ha acabado y te das cuenta que leyendo el apéndice del mismo libro –que cuenta la historia de Arwen y Aragorn–, o cualquier otro apéndice que puedas encontrar, no va a pasar nada más relacionado con Sauron, la guerra del anillo y la cantidad de personajes entrañables que te vas dejando por el camino.
Y comprenderéis que esta reseña no sea de las más largas que he escrito, puede, de hecho seguramente así es, sea la más corta, pero todo tiene una explicación. Considero esta novela como el punto culminante de la mayor historia de fantasía jamás contada, el clímax al que todos los escritores les gustaría llevar a sus lectores, el punto y aparte de un universo absolutamente coherente que pretende engancharte y trasladarte por una serie de imagenes, una serie de aventuras que ya quisieran para sí muchos autores.
¿Cómo recomendar un libro así? No se puede, un libro así se recomienda por sí solo. Además que no creo que ninguno de vosotros necesite que yo diga esto para saber de qué estoy hablando. Desde las fanfarrias con el retorno de Aragorn a Minas Tirith tras la batalla en el Morannon, hasta la pelea de Eowyn y Merry contra el Rey Brujo, pasando por la agónica travesía final de Frodo y Sam por Gorgoroth hasta el Monte del Destino. Todo huele a épica, huele a misiones imposibles llevadas a buen término con los medios más pobres.
Tendrá sus cosas malas oigan, tendrá sus puntos claroscuros y sus fallos de rácord; pero permítanme no señalarlos, permítanme disfrutar de la única novela que relectura tras relectura consigue atraer mi atención hasta la última coma y que un escalofrío perenne cabalgue mi sistema nervioso hasta el terrible punto y final.
Sí –dijo Frodo–. Pero ¿recuerdas las palabras de Gandalf? Hasta Gollum puede tener aún algo que hacer. Si no hubiera sido por él, Sam, yo no habría podido destruir el anillo. Y el amargo viaje habría sido en vano, justo al fin. ¡Entonces, perdonémoslo! Pues la Misión ha sido cumplida, y todo ha terminado. Me hace feliz que estés aquí conmigo. Aquí al final de todas las cosas, Sam.















