La Sombra, un Katzenbach que frena
Hace ya un par o tres de años que no leÃa nada del señor Katzenbach; a pesar de que la espera se ha hecho larga –o quizás debido a eso–, cuando empecé a leérmelo lo cogà con muchas ganas. Además, sabÃa que iba a ser una de mis últimas lecturas “voluntarias” antes de tener que meterme con los libros de la universidad asà que… bueno, le tenÃa ganas. Quizás por eso ha sido un poco decepcionante, pero comencemos por el principio.
La historia te presenta a Simon Winter, un poli retirado y abuelete que vive en uno de los muchos complejos de apartamentos para ancianos en Miami. El calor sofocante, la rudeza de la vida y los estragos del tiempo aparecen magistralmente al principio, como mecanismo para situarte en el contexto en el que se mueven los protagonistas. Es curioso porque este autor siempre me consigue atrapar en esas descripciones iniciales que luego, simplemente, repite hasta la saciedad. No me malinterpretéis, creo que es un escritor bueno, pero consigue pintarte un cuadro al principio de sus obras que luego sólo tiene que recordarte… otros no lo consiguen. Además de tener un grave problema con el mar, algo sólo superado por la talasofobia del señor Lovecraft.
Este abuelete, el señor Winter, empieza la novela queriéndose suicidar. HabÃa sido un detective de homicidios brillante que, jubilado ya, ve cómo su vida no es más que la suma de sus decisiones y bueno, como a cualquier ser humano algo cÃnico, eso no le gusta. Interrumpe su intento de suicidio una vecina superviviente del holocausto nazi hablándole sobre un antiguo mal. Le dice que ha visto a un personaje de su adolescencia, a un delator judÃo que trabajaba para los nazis: un judÃo cazajudÃos. Winter descubre que hay más supervivientes berlineses en Miami y asà comienza la travesÃa en busca de La Sombra. Junto con la fiscal de raÃces cubanas y el detective negro, se crea el coctel necesario de interracialismo que parecen necesitar los yankis para entender las cosas.
No es, ni con mucho, su mejor novela. El tema del holocausto siempre impacta y da la sensación de que el señor Katzenbach se empapó bien para escribirla, con lo cual el resultado siempre mejora. Los personajes están muy estereotipados, de hecho Simon Winter me recordó poderosamente a Dave Gurney y a todos los detectives retirados que acaban ayudando a la policÃa a resolver un caso en el que –por otro lado–, han caÃdo casi por casualidad o de una manera muy tangencial. Lo que me gusta de las novelas de este hombre es que huye ligeramente del estereotipo de novela negra y cae en la desesperación de sus personajes y la angustia que sus taritas mentales les provocan. Esta novela explora todo lo bueno de Katzenbach pero se queda en la superfÃcie, no llega a las cotas que consigue en muchas de sus otras novelas.
En fin, que la leáis si os apetece tener algo de novela negra asà sin pretensiones, pero no sà esperáis ver algo parecido al Psicoanalista o La Historia del Loco.
¡Un abrazo!











