Metaposteo, divagaciones e información
Dicen que el periodismo está acabado, dicen que es un oficio que Internet está matando. Miren señoras y señores, si se tuviera que tirar una moneda al aire por cada oficio que supuestamente internet ha ejecutado, vilipendiado, democratizado, vulgarizado, desestabilizado, etc, habría más dinero en el aire que en nuestros bolsillos. Internet no ha matado o está matando al periodismo, el mismo oficio se está ejecutando paulatinamente. No hace mucho asistíamos atónitos al cese de emisión de CNN+ y a la salida en antena de GH24h, alucinante. ¿Qué tendrá que ver Internet o el periodismo con esa decisión puramente empresarial? Nada absolutamente, pero que uno de los pocos baluartes objetivos de información caiga presa del poderoso caballero Don Dinero debería darnos una clara visión de hacia dónde van los tiros.
Pero tampoco quiero hablar de política a pesar de que parece que el periodismo en el fondo no deja de hablar o de esta o de deporte o del corazón. Esas voces que se quejan constantemente de internet, de la vulgarización de la cultura, del freno al crecimiento personal… miren, infórmense y luego intenten razonar con alguna coherencia para variar. Internet es una vía sin contenido, es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Esta sociedad llena de falsos amigos, falsas informaciones y desastrosas políticas (tanto informativas como ejecutivas); está claro que internet iba a tener algo de eso de lo que tanto se quejan los cuatro sabios que pretenden comprender el mundo actual a pesar de tener un pie y medio en el puto siglo XIX. Quizás a alguien le pueda parecer que estoy hablando de la Ley Sinde y toda la polémica gafapastil y no gafapastil que se ha ido formando alrededor; que si gurús haciendo un genio y figura a Álex de la Iglesia, que si otros atacando desde el reposo de la web las formas y contenido de la ley… mi radar de tonterías se activa a lo bestia, así que no, no hablo particularmente de la Ley Sinde.
Los que andamos por internet, los que tenemos un blog y leemos los de otros, estamos constantemente pendientes de las cosas que nos interesan pero hablamos desde una órbita personal; la mayoría de las veces sin ánimo de lucro o con un ánimo de lucro tan ridículo que mejor ni comentarlo, normalmente con la única intención de dar nuestra opinión sobre una cosa que hemos leído o nos hemos enterado. Diferimos bastante de un periodista, creo que en muchas ocasiones a mejor, ya que los blogs y posts tienen claramente la marca de agua del autor, sus opiniones pueden estar documentadas e incluso pueden creerse que poseen la capacidad de crear una especie de dogma, pero no deja de ser personal. Creo que todos los lectores habituales del Nexo de Caminos sabéis eso, tenéis vuestro criterio, vuestra forma de pensar más o menos personal que en muchas ocasiones me alegra compartir y en otras me alegra más diferir.
Y esa es la base de la pérdida de reputación y filiación del periodismo a favor de la amplitud de miras, opiniones e información que tiene internet. El periodismo hoy por hoy, salvo honrosas excepciones que todos sabemos nombrar, se encuentra en una fase de retraimiento, desesperación y falta absoluta de criterio. Creo que han perdido la brújula de la objetividad y han intentado meterse en otros asuntos, en otros campos que ellos ni siquiera empiezan a olisquear. Es curioso cuando un periodista empieza a suponer activamente temas sociológicos, antropológicos, históricos o científicos; a la mayoría de ellos los ves rabiando por conseguir atención pero supurando por cada poro de sus comentarios ese tipo de ignorancia tan peculiar y deleznable que basa su fundamento en imponer la opinión del escritor sobre la del lector. Eso no es periodismo, es política, y si en algo estaremos de acuerdo es en que la política es otro asunto.
La autopista de Internet, las estaciones de servicio que son los blogs, no se pueden tachar de intrusismo profesional ni de ignorancia. Nosotros sabemos que el alcance de nuestras opiniones es relativa y que nuestras opiniones son nuestras; y los que no lo sepan deberían empezar a buscar criterio en la RAE y a crearse una opinión propia e intransferible, que es lo que mola. Y os suelto esta chapa a vosotros porque a veces escucho opiniones o leo cosas por ahí que me dejan cara de tonto; sabéis la sensación de la que hablo, seguro que la conocéis, esa sensación que te deja cara de moco y una pregunta rondando tu cabeza: ¿cómo coño le digo a este personaje que me importa una mierda lo que dice y que creo que se podría meter su dogmatismo y subjetividad por donde la espalda pierde su bendito nombre?
Pues eso. Que arda Roma.













