Votaciones, democracia y mentiras
Disculpad la escasez de posts estos días pero entre domingos llenos de barbacoa, partidas de rol a tutiplen y el curro (¡que no falte!), hemos estado bastante desenganchados de los blogs y de internet. De todas maneras, a pesar de no haber grabado el Historia Errans prometido desde hace tanto tiempo, este mismo domingo nos vamos a encontrar, de repente y sin avisar, con la realidad de las urnas. El domingo pasado unos cuantos ciudadanos hasta los huevos decidieron acampar en la Puerta del Sol en Madrid. Esta mañana he visto una de las entrevistas que la señora Ana Pastor (impecable, como siempre) le ha hecho al coordinador general de IU Cayo Lara –un tipo con el carisma de un zapato, así no vamos a ningún lado camaradas–; mi sorpresa ha sido cuando al preguntarle por el fenómeno de ¡Democracia ya! y el de la Puerta del Sol se ha comenzado a liar y al final animaba sin animar a los asistentes a dicha concentración a que le votaran a él y a su partido.
Y es que a los políticos se les llena la boca con conceptos tan antiguos y desfasados como la democracia, un modo de gobierno que ha permanecido en esencia inalterable desde cuatro o cinco siglos antes de nuestra era resulta cuanto menos sospechoso de traición a sus principios. No me malinterpretéis, claro que ha evolucionado, al principio sólo votaban unos pocos, eso se fue ampliando (ya con Temistocles) y el asunto fue a más hasta que llegó el autoritarismo autocrático de los imperios, los señores feudales, luego los estamentos privilegiados y después vuelta a empezar con el proceso democrático. Teóricamente ahora estamos bien, ¿no? La democracia funciona, el sistema resuelve sus cíclicas crisis presionando cada vez más a una masa que está a punto de desbordarse, solucionando sus problemas de crédito destruyendo puestos de trabajo y aumentando los sueldos a los puestos que tan sólo un 5% de los ciudadanos es capaz de aspirar (y no por aptitudes sino por posición), todo super justo y super estado del bienestar.
Centrándonos en nuestro país, y volviendo a lo que decía en el primer párrafo, es muy jodido ver cómo uno de los partidos minoritarios con más solera de la piel de toro intenta repescar votos en un entorno claramente contrario al juego político actual. Y es que el juego político resulta infranqueable e incomprensible, total y absolutamente ajeno a mi generación, a gente que no hemos conocido otra cosa que la democracia. Cada vez que escucho a un político decir a los suyos que debemos ir a las urnas para poder hacer las cosas bien me da la sensación de que me estoy perdiendo algo. Lo único que hemos conseguido votando y votando en estos años de democracia es perpetuar un sistema que promueve un bipartidismo absoluto, una alternancia en el poder meditada y ajustada a una realidad que antaño se conocía como “pucherazo” y cosas por el estilo. No soporto la sensación de que me están timando y no sé cómo.
Muy bien chaval, ¿y entonces qué? No seré yo el que abogue por una República o algo así, creo que al final acabaría siendo lo mismo. Quizás en un principio podría ir a bien, pero luego seguramente caería en los mismos pecados absurdos en los que nuestra querida democracia ha caído. Tampoco creo que el autoritarismo (of course) sea la respuesta a cualquier pregunta, de hecho nunca hubo respuesta peor respondida que con el autoritarismo. La anarquía resulta una utopía desfasada que ni siquiera conseguiría hacer que avanzáramos tres pasos hacia un futuro mejor. Que yo no sepa hacia dónde deben ir los pasos ideológicos del mundo no significa que no deba ir hacia un lugar diferente del que va. Sinceramente, si no hemos encontrado ya un sistema que promulgue más libertades y más concienciación popular es porque a los que verdaderamente están preparados para encontrar soluciones no les da la puta gana buscarlas. El sistema tal como está les funciona de puta madre a muchos, de hecho cuando va bien nadie se da cuenta, ninguno nos damos cuenta o preferimos seguir comprando con los ojos cerrados.
En definitiva, actuaciones como la de las personas en la Puerta del Sol y en tantos otros lugares del país dan esperanzas, me hacen creer que posiblemente alguien con principios que crea, como yo y tantos otros, que nuestro sistema es una gran boñiga que debe substituirse, esté dándole al coco para intentar encontrar qué narices puede funcionar. Prometo en los siguientes posts hablar con más calma de algo más intrascendental y por lo tanto mucho más importante para nosotros, para conseguir algo de felicidad, aunque sea temporal, porque para lo que hay que ver ahí fuera…
¡Un abrazo!











