Y me perdonarán ustedes por lo osado del título, pero acabo de tener una epifanía; no de apariciones de seres mitológicos, sino más bien del tipo de esas pequeñas ocurrencias casi mágicas que desenredan fuertes nudos mentales.

No hablo de magia porque sí. El modo de “ordenar por arte de magia” en el Google Reader (pruébenlo, no les defraudará) ha hecho que confluyeran dos publicaciones de lo más interesantes. Por un lado nuestro primus inter pares bloguero, Avatar, haciendo una interesante revelación velada en una reflexión acerca del modelo de negocio de las editoriales de rol. Y justo a continuación, un artículo de la cada vez más respetable edición on-line del diario 20 Minutos acerca de la reedición de la ley anti-tabaco. Cito al éste y luego a aquél:
El próximo 22 de junio Sanidad presentará el borrador de la nueva Ley Antitabaco, como ya adelantó este diario. El texto, que está en proceso de elaboración, pondráfin al cigarrillo en todos los espacios públicos (acabará con las limitaciones actuales: bares, restaurantes, zonas habilitadas en aeropuertos…), pero mantendrá las excepciones actuales en las cárceles y psiquiátricos por motivos humanitarios.
Pensé: ahora que tenemos que apretarnos el cinturón por todas partes, subidas de impuestos, supresión de la devolución de la Renta, timos de grandes empresas y de poderosos estafadores; ahora nos quieren limitar aún más uno de los pocos placeres que nos otorgaba la Libertad el Libertinaje. Esto sólo sirve para golpear aún más la moral del pueblo. Por motivos humanitarios, ¡que me dejen fumarme un pitillo mientras me tomo un buen café con leche en el bar de la esquina!
Ante nuestros ojos, una libertad se va restringiendo poco a poco por esa tendencia verdosa de nuestro mal llamado gobierno socialista. Pronto —seguí pensando— sólo podremos fumar en casa y venderán el tabaco sólo en las farmacias. “Pronto, fumar tabaco estará tan limitado como…” y pasé al siguiente post en el Reader, dando con el siguiente post de Avatar, uno de los pocos visionarios de carretera a los que la crisis todavíano ha acallado.
Allí, al otro lado de un mar y un océano, de un tiempo a esta parte los editores de la lengua de Shakespeare nos van acostumbrando con pasos pequeños pero seguros a eso que llamanPocket Edition, que, traducido literalmente, significa “edición de bolsillo”. Sí, no os extrañe que sea exactamente lo mismo que este servidor pregonaba en el desierto aparentemente vacío, pero tan infestado de torrecillas de marfil. Y lo gracioso es que esasediciones de bolsillo coexisten con las ediciones normales, a un precio menor, más asequible y con la batalla que permite el formato en rústica. Todo esto me suena, y se me antoja dulce melodía al oído, no porque quiera llevar la razón (y creo llevarla, ojo), sino porque se ratifica lo que creo que es algo sumamente bueno y necesario para el mundo editorial del rol. Porque los tiempos cambian, y los que llevan las riendas buscan nuevasformasde afrontar un contexto económico en el que la conversión del jugador en coleccionista de manuales de lujo no es viable ni sostenible, donde los precios abultados han de ser sinónimo de suicidio profesional a largo plazo y donde es necesario bajar precios para, no ya aumentar, sino mantener un mercado delicado.

Siempre ha sido una idea genial eso tan americano de “pensar fuera de la caja”, de pensar en cabeza ajena, de romper esquemas preestablecidos por una autoridad inconcreta y unos criterios caducos. Pero cuando las cosas van bien, siempre impera el “no toquemos nada”. Resulta que ahora las cosas no van bien, pero nadie nos ha enseñado a hacerlo. Es hora de abrir esas puertas marcadas con un “no pasar” por antiguos inquilinos. Eso me llevó a pensar —¿qué podría hacer el Gobierno “out of the box” para salvar la situación?
Y en ese momento, con absoluta claridad, veo cómo se podría materializar de forma realista esa pequeña utopía con la que algunos hemos fantaseado en privado y, para qué negarlo, entre risas con la espalda pegada al césped. Y aunque rompa el tono de seriedad que intento trasmitir, lo voy a enunciar: Es el momento de que se despenalice el comercio de derivados estupefacientes del cáñamo y se limite su consumo a lugares privados, igual que el tabaco. Es el momento de legalizar la marihuana.
Las empresas que ahora se dedican a manufacturar semillas de cáñamo se lanzarían al campo a cultivar esta versátil planta. Sería una bocanada de aire fresco al viciado y pervertido sector agrario nacional. Una inversión gigantesca para un producto muy solicitado y cuyo comercio está actualmente exento de gravamen fiscal (y de amparo legal, dicho sea de paso).
A estas alturas, quien quiere fumar porros lo puede hacer sin mayores inconvenientes, así que el discurso del “drogaremos al pueblo” me sirve menos que nunca: el pueblo ya está drogado. Los que no fuman porros, esnifan coca; los que no esnifan coca, miran Intereconomía. ¿Están preocupados de que genere dependencia o merme la salud (ambos razonamientos apenas apoyados por la comunidad científica)? ¡Grávenlo con una tasa sanitaria! Nada les impide a día de hoy hacerlo con los hidrocarburos, el tabaco y el alcohol; y éstos sí que son dañinos. ¿No están subiendo el IVA acaso? El Tesoro Público agradecerá ese aporte extra.
Ahora que más que nunca, el voto de la izquierda se está diversificando tanto que ganarán los Neoliberales Cristianos Unidos, liderados desde la sombra por Josemari “Master of Puppets” Ánsar. De dar este paso, Zapatero estaría dando un golpe sobre la mesa de la izquierda, haciendo que todos los progres, verduleros y desapegados se vuelvan a poner en fila en las urnas. Incluso los nacionalistas e independentistas pensarán que, después de todo, en España no se vive tan mal.
El único bastión que hay que derribar, en este y en muchos otros sentidos, son las ideas prefijadas, las convenciones morales y los tabúes rancios. Y las ideas sólo existen en la cabeza; en la tuya, en la mía. El poder que tiene aplicar individualmente esta nueva forma de pensar conseguirá —y consigue— mover montañas. Señores del Gobierno, consiguieron dar un salto de guepardo con el matrimonio homosexual, tengan el valor de hacerlo con la marihuana.
En próximos episodios: Fiscalícenme la prostitución, por favor.